PALESTINA: Una Historia de Ocupación y Resistencia
A finales del siglo XIX se desarrolla en Europa el embrionario movimiento sionista promovido por Theodor Herzl, en el primer congreso sionista que tuvo lugar en Basilea (Suiza), en agosto de 1897. Se perfilaba ya la idea de que el pueblo judío era algo más que una comunidad religiosa y aspiraba a derechos políticos y a asentarse en los territorios que denominaba su hogar histórico. Este promueve la emigración de los judíos a Palestina para crear allí un Estado propio, en un territorio poblado desde hace miles de años por los palestinos.
Por entonces el Imperio Otomano gobernaba Palestina desde el siglo XVI, siendo la población palestina de unas 700.000 personas, de los cuales solo un 5% eran de religión judía. Los palestinos, con lazos milenarios en el entorno, eran dueños del 97% de las tierras.
En 1917, el ministro de Relaciones Exteriores británico (Arthur James Balfour) publica un documento expresando la disposición del gobierno británico a favor del establecimiento de un “hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina “entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”.
Con el fin de acabar con la dominación otomana, el gobierno británico solicita la ayuda de los países árabes a cambio de una promesa de concederles la independencia, mientras negociaba con Francia (los acuerdos de Sykes-Picot), el reparto de todo el oriente medio entre las dos potencias. Así, en 1922 Gran Bretaña establece el mandato sobre Palestina, Jordania, Irak, Kuwait y parte de Arabia, mientras los franceses hacían lo mismo con Líbano y Siria.
La derrota otomana en la Primera Guerra Mundial llevó consigo el establecimiento del Mandato británico sobre Palestina, que se hizo oficial a partir de 1920. Durante dicho mandato (1920-1947), empieza a cumplirse la emigración de los judíos a Palestina, en las llamadas aliyás, bajo el mito de “Un Pueblo sin Tierra para una Tierra sin Pueblo”. En los primeros cuatro años (1919-1923) llegaron 40.000 judíos de Europa del Este (polacos, rusos, rumanos así como judíos iraquíes, yemeníes,..). La cifra siguió creciendo con la permisividad del gobierno británico hasta alcanzar los 250,000 a finales de 1939, alterando el equilibrio demográfico y el descontento de la población autóctona, incapaz de frenarla por estar sometidos al mandato británico.
En 1936, los palestinos se alzaron contra las autoridades británicas y los colonos sionistas, pero en 1939, Gran Bretaña aplastó el levantamiento sin piedad y promulgó leyes de emergencia que imponían la pena de muerte a todo palestino que tuviera un arma. Para sofocar la rebelión, los británicos emplearon como fuerzas paramilitares a varias organizaciones terroristas sionistas, especialmente la Haganá, responsable de múltiples masacres en pueblos palestinos.
El fuerte conflicto entre la población palestina con los nuevos colonos y el gobierno británico, así como una serie de ataques terroristas llevados a cabo por grupos para- militares judíos (el Irgín, Lehi y Haganá), hacen que el gobierno británico decida retirarse y pasar el conflicto a las Naciones Unidas. Así, el 29 de Noviembre de 1947, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, la recién creada Organización de Naciones Unidas, votaba favorablemente la Resolución 181 de Partición de Palestina. Dicha resolución concede un 56% del territorio palestino a los judíos y un 43%, a los palestinos. Jerusalén, que representaba el 1% de Palestina, quedaba como cuerpo separado de ambos estados, como Capital Universal, en virtud de su condición de cuna de las tres grandes religiones monoteístas de la historia.
Ni palestinos ni sionistas aceptaron la partición. Los primeros porque eran sus legítimos dueños y los segundos, porque el proyecto sionista contemplaba el establecimiento en Medio Oriente del “Eretz Israel”, el Gran Israel.
Las hostilidades se desataron en diciembre de 1947, el día siguiente a la firma del Plan de partición, y se prolongaron hasta el 14 de mayo de 1948, fecha que supone el fin del mandato británico en Palestina. En esta misma fecha, los judíos con Ben Gurion a la cabeza declaran unilateralmente la creación del estado de Israel, con el rechazo por parte de los palestinos, iniciándose la primera de varias guerras contra los palestinos. Los grupos terroristas del sionismo, la Haganá, el Stern y el Irgún, iniciaron una ofensiva masacrando a toda una población indefensa de varios pueblos y ciudades palestinas. La primera de ellas, fue el pueblo de Deir Yassin, donde asesinaron a más de 300 mujeres y niños, dejando a algunos de ellos vivos para que, en su huida, dieran testimonio de lo sufrido, sirviéndose de portavoces que extendiesen el terror e hiciesen huir a los demás palestinos.
En enero de 1949, cuando terminó la guerra, casi 800,000 palestinos (dos tercios de la población) fueron expulsados hacia el Líbano, Jordania, Siria, Gaza y Cisjordania, convirtiéndose en los refugiados palestinos y los sionistas logran apoderarse ilegalmente del 78% de Palestina histórica. Este periodo se conoce como la Nakba o Catástrofe palestina. El Estado árabe de Palestina previsto en la resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas no llegaría nunca a materializarse. Más de 500 pueblos palestinos fueron evacuados y destruidos para evitar el retorno de sus habitantes, que nunca llegó a cumplirse. Por esta fecha solo quedaba en manos palestinas el 22% de la palestina histórica, dividía en dos fragmentos, Cisjordania que pasa a formar parte del Reino Hachemita de Jordania y Gaza que pasa a ser administrada por Egipto.
Pero para completar el sueño sionista, en 1967, Israel lleva a cabo la “guerra de Seis Días”, apoderándose de lo que le faltaba de la Palestina histórica (el 22% restante del territorio de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental), además de la Península de Sinaí (Egipto) y Golán (Siria). La Resolución 242 de la ONU ordenó que Israel se retirara de las tierras ocupadas, resolución nunca fue cumplida por el gobierno sionista de Israel. Este texto define claramente la política israelí de ocupación y de colonización.
Desde 1967 los palestinos de Cisjordania y Gaza han experimentado las consecuencias de esta cruel ocupación militar, aplicando políticas de apartheid a la población palestina.
A lo largo de los últimos 54 años, Israel ha demolido decenas de miles de propiedades palestinas y ha forzado el desplazamiento de grandes grupos de población para construir viviendas e infraestructuras destinadas al asentamiento ilegal de su propia población en los territorios ocupados. Además, ha desviado recursos naturales palestinos —como agua y tierras de cultivo— para uso de los asentamientos, aplicando políticas de apartheid mucho más duras que las empleadas en Sudáfrica.
La existencia misma de los asentamientos en los Territorios Palestinos Ocupados viola el derecho internacional humanitario y constituye un crimen de guerra. A pesar de las múltiples resoluciones de la ONU, Israel ha seguido apropiándose de tierras palestinas y apoyando, a los al menos 800.000 colonos que viven en la Cisjordania ocupada, incluida Jerusalén Oriental.
La vida de los palestinos está limitada por cientos de puntos de bloqueo militar israelí, los famosos “Chek Points” repartidos por toda Cisjordania así como por la construcción del famoso muro de la vergüenza. Este muro, de 700 kilómetros, construido con el pretexto de impedir ataques terroristas, no explica por qué en un 85% está construido y se adentra en tierras palestinas. Lo que sí hace el muro es aislar entre sí a las comunidades palestinas y separar a las familias. Asimismo, priva a la población de acceso a servicios básicos y separa a los agricultores de sus tierras y otros recursos, causando la paralización de la economía palestina.
Yasir Arafat, un líder nacionalista palestino, presidente de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) y líder del partido político secular Fatah, que fundó en 1959. Arafat pasó gran parte de su vida luchando contra Israel en nombre de la autodeterminación de los palestinos. En 1988 aceptó la Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, adoptada por unanimidad en 1967, que “exige la instauración de una paz justa y perdurable en Oriente Medio”, que pasa por “la retirada del ejército israelí de los territorios ocupados y el “respeto y reconocimiento de la soberanía y la integridad territorial y la independencia política de cada Estado de la región, y su derecho a vivir en paz en el interior de fronteras reconocidas y seguras, al abrigo de amenazas y actos de fuerza”. Resolución nunca cumplida por el estado sionista de Israel.
El fracaso de todos los intentos de obtener algún tipo de solución al drama palestino, motiva el levantamiento palestino bajo el nombre de “La Intifada” “El Levantamiento” a finales de los años 80, que fue reprimida con la fuerza de las armas.
Como respuesta a la intifada, el 15 de noviembre de 1988, la OLP proclamó unilateralmente la Independencia de Palestina en las fronteras anteriores a la guerra de 1967 e inició un proceso de búsqueda de reconocimiento internacional. Era una forma de poner límite a la impunidad de que gozaba Israel en su política sistemática de expansión mediante la construcción de asentamientos ilegales, la apropiación y demolición de viviendas palestinas, el asesinato y la expulsión o encarcelamiento de sus moradores y propietarios.
La intifada o intifadas, abren el camino a los llamados procesos de paz. El 13 de septiembre de 1993, la OLP y el régimen israelí firmaron los Acuerdos de Oslo. El acuerdo fue diseñado para imponer una solución a la parte palestina. Implicaba ofrecer dos bantustanes, una Cisjordania reducida y una Franja de Gaza cercada, que disfrutarían de algunos de los símbolos del estado, aunque en la práctica permanecerían bajo el control israelí. Además, debería declararse el fin del conflicto y cualquier otra demanda, como el derecho al retorno de los refugiados palestinos, o cambios en el estatus de la minoría palestina dentro de Israel, fue eliminada de la agenda de “paz”. La consecuencia del acuerdo fue una política israelí unilateral de anexión y partición progresiva de los territorios ocupados, ahora legitimada por el acuerdo.
Si en 1947 se le había ofrecido el 56% de Palestina al movimiento de colonos sionistas, superficie ampliada tras la guerra de los seis días al 78% por la fuerza, el Acuerdo de Oslo II ofreció a Israel otro 12% de la Palestina histórica. Esto consolidaba el estado del gran Israel en más del 90% del país.
Oslo II creó una geografía de desastre que permitió a Israel extenderse sobre partes adicionales de la Palestina histórica mientras encerraba a los palestinos, dividiendo Cisjordania y la Franja de Gaza en áreas judías y palestinas. Así, una parte (Área A) quedaba bajo el gobierno directo de la Autoridad Palestina (con la apariencia de un estado, pero ninguno de sus poderes); otra (Área B) fue gobernada conjuntamente por Israel y la Autoridad Palestina (pero efectivamente por Israel); y una última (Área C) estaba gobernada exclusivamente por Israel, esta última (la más grande) se ha anexado de facto a Israel.
Pero Israel utilizaba más tácticas para la anexión, como la declaración de vastas áreas como campos de entrenamiento para el ejército o “pulmones verdes” ecológicos, de los cuales los palestinos están excluidos. Son constantes las transformaciones del régimen agrario para apoderarse de más tierras para nuevos asentamientos o la expansión de los antiguos.
Aparte de la anexión y establecimiento de los asentamientos ilegales, los habitantes de los territorios ocupados tienen limitada su libertad de movimiento entre pueblos y ciudades (y entre la Franja de Gaza y Cisjordania). La vida ha sido administrada en las Áreas A y B por la Administración Civil, un equipo cuasi militar dispuesto a otorgar permisos solo a cambio de una colaboración total con los servicios de seguridad.
Los colonos continuaron con sus ataques sectarios contra los palestinos y la expropiación de sus tierras. El ejército israelí con sus unidades especiales entra en el Área A y la Franja de Gaza a voluntad, arrestando, hiriendo y matando palestinos. El castigo colectivo de las demoliciones de viviendas y los largos toques de queda y cierres también continuaron en el marco del “acuerdo de paz”.
Veintisiete años después de la firma de los Acuerdos de Oslo, el césped de la Casa Blanca ha acogido en una nueva ceremonia los Acuerdos de Abraham, un acuerdo de paz y normalización entre Israel y dos estados árabes, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.
Los principales medios de comunicación estadounidenses e israelíes nos aseguran que este es el último clavo en el ataúd de la obstinación palestina. Argumentan que la Autoridad Palestina tendrá que aceptar cualquier oferta de Israel, ya que no queda nadie para ayudarlos si rechaza sus propuestas.
Pero la sociedad palestina es una de las más jóvenes y educadas del mundo. El movimiento nacional palestino resurgió de las cenizas de la Nakba en la década de 1950 y podría volver a hacerlo. No importa cuán poderoso sea el ejército israelí, y no importa cuántos estados árabes más firmen tratados de paz con Israel.





